lunes, 15 de agosto de 2016

Los colegios, los valores y la amenaza gay

Cuando era niño era homofóbico. No sé por qué. Mis padres no lo eran, al menos no explícitamente. Cerca de mi casa había varias peluquerías de barrio, y había una en la que todos los peluqueros eran o travestis o abiertamente homosexuales. La idea de un peluquero homosexual  era un lugar común en Colombia, en gran medida porque era uno de los trabajos dignos que podían ejercer. Aunque muchos peluqueros no eran homosexuales, al parecer las mujeres los preferían  porque se creía que los hombres cortaban mejor el pelo que las mujeres, pero al ser gays no  había riesgo de que las manosearan. Como, a diferencia de otros países, en Colombia no es común segregar por sexos las peluquerías, estas eran pequeños espacios de relativa tolerancia de género. Digo relativa porque yo mismo era un ejemplo de intolerancia: no entraba en la peluquería de los maricas porque me daba miedo y repulsión. Recuerdo que incluso le hablé del tema al peluquero del lado, que no me parecía gay, pero que ciertamente se incomodó con mi comentario. Tal vez fue en el colegio donde me enseñaron a repudiar a los gays, aunque no creo que lo hicieran directamente. Recuerdo, sí, una profesora que decía cosas como que las tijeras eran una herramienta solo para mujeres y que los únicos hombres que podían usarlas eran, justamente, los peluqueros.

Película Hotel Gondolín
La siguiente vez que interactué con una persona abiertamente homosexual debía tener unos doce años. Se trataba de un amigo de mi madre. Ya para ese momento no era homofóbico, pero no recuerdo cuándo ni cómo cambié. Creo que simplemente estaba mejor informado, tal vez precisamente por mis padres. Ellos solían decirme que no creyera nada de los que los profesores decían en el colegio, sobre todo cuando se trataba de la moralidad.

Ayer hubo una marcha multitudinaria de cristianos en Colombia. Su intención era impedir un plan del Ministerio de Educación para luchar contra el matoneo y acabar con la discriminación por motivos de género. Es decir, fue una marcha para defender la violencia de género y la homofobia. Mi primera reacción, que permaneció durante todo ese día, fue la estupefacción. Me pregunté cómo alguien podía defender tan apasionadamente una actitud tan intolerante y agresiva. No era una pregunta retórica. Quería imaginar una forma de empatía con ese enorme grupo de personas que se habían organizado con tanta fuerza en torno al deseo de agredir a otros, y comprender de dónde viene la desesperación con la que defienden su derecho a la violencia.

Recordé en ese momento la percepción que tenía de las peluquerías durante mi infancia. ¿Qué me generaba esa mezcla de miedo y rechazo? Sobre el miedo, creo recordar que no venía de la posibilidad de que me hicieran daño (es decir, no creía que fueran pederastas), sino del hecho de que en sus gestos y vestimentas se transparentara más fuertemente la existencia del erotismo. Es decir, la amenaza estaba en que el travesti o el “amanerado” parecía estar poseído por un deseo sexual tan fuerte y descontrolado que lo había afectado y llevado al extremo de… vestirse inapropiadamente. Aunque no lo racionalizara así, creo que la amenaza que representaba para mí una persona diversa  residía  en la intuición que tenía de que los roles de genero, aún en sus manifestaciones aparentemente más inocentes (formas de vestir, pequeños gestos, etc.) implican un control y un enmascaramiento de la sexualidad. Aunque los peluqueros mostrasen tener más deseos sexuales que los demás, su forma de habitar el mundo, al ser inapropiada, revelaba la artificialidad de todas las otras formas de vestir y hacía evidente cómo quienes se refugiaban en lor roles de género tradicionales estaban también enmascarados.

En todo caso, el sentimiento más fuerte que tenía hacia los peluqueros en ese momento no era miedo sino repulsión. Era un rechazo similar al que genera contemplar una animal deforme, aun cuando es inofensivo (una paloma, por ejemplo). Era como si el hecho de que fueran diferentes implicara la alteración de un orden universal, o como si fueran la manifestación de una falla en el diseño del mundo y su existencia desafiara una forma de clasificación que se supone estaba completa.  Así, la maldad de los peluqueros no tenía nada que ver con nada que ellos hicieran, sino con el hecho de que su sola presencia destruía mi concepción de la realidad.

Por supuesto, estoy elaborando algo que en su momento fue solo una emoción infantil irreflexiva. Lo cierto es que, incluso sin tener unos padres homofóbicos, la cultura dominante ya se había alojado en mí con una fuerza arrolladora. Las ideologías y los prejuicios no se manifiestan generalmente en ideas, sino en emociones aparentemente espontaneas. Un niño, supuestamente único e inocente, puede ser desde muy temprano víctima y perpetrador de una manera injusta y destructiva de pensar y actuar. Es un -inocente- reproductor de la opresión y la violencia.

No recuerdo exactamente cuándo deje de ser homofóbico ni cómo transformé mi concepción sobre los roles de género. Ciertamente no fue en mi colegio, donde nunca aprendí nada parecido a la tolerancia o al respeto a los otros. Por supuesto, esas palabras se nombraban casi a diario, como parte de la constante, repetitiva y omnipresente obsesión por darnos educación en valores: los directvos hablaban de ellos, el profesor de ética daba clases sobre ellos, el profesor de religión hacía dinámicas para inculcárnoslos, la directora de grupo nos reunía para discutir acerca de ellos, y nos llevaban a “convivencias” para formarnos en ellos. Todos los intentos fracasaban estrepitosamente.

Tomado de http://etc.usf.edu/
Sin embargo, había otra educación en valores mucho más efectiva, pero que no se encunciaba abiertamente. En ella participaban los profesores y los demás compañeros al unísono. Era justamente una educación sobre género. En el caso de los hombres, había varias exigencias. Una de ellas era pelear. No solo metafóricamente, sino físicamente. Y siempre debían hacerlo para defender una frágil dignidad puesta en entredicho constantemente por los demas compañeros. Debían, también, ser capaces de insultar a los otros o de protegerse de los insultos de los otros. Debían tolerar las ofensas sin expresar ninguna emoción pero, cuando la agresión verbal escalaba demasiado, debían pelear a golpes. Eso era  lo que estaba en juego con lo que ahora llamaban matoneo y que en esa época no tenía nombre porque era algo omnipresente; simplemente se llamaba “el colegio”.

La lógica de la violencia como marca de lo masculino se proyectaba luego a las demás actividades de la vida escolar: al deporte, a la manera ocupar el espacio, a la relación con los profesores, etc. Las mujeres también peleaban a veces. Pero al parecer el grueso de su educación de valores de género tenía que ver con su integración a un sistema de agresiones e intrigas que giraban en torno a la belleza, a ser objetos sexuales y, al mismo tiempo, a preservar una cierta pureza sexual (la rechazada podía serlo por fea y/o por zorra). Por supuesto, en esta educación en valores no había espacio para la diversidad. Tan pronto aparecía un signo de desviación de la norma, era aplastado por la violencia social.

Yo nuca supe pelear. Era débil y torpe, y esa debilidad se proyectaba a una incapacidad para los deportes, para el baile y, finalmente, para la vida social. Afortunadamente, era rápido de palabra y sabía insultar bien. También me enfrentaba a los profesores para defender a los otros estudiantes. Eso hizo que los más peleadores me tuvieran simpatía y lograra sobrevivir sin casi haber sufrido de matoneo. Sobreviví al colegio, sí, pero no lo disfruté. Fue fuera de las aulas donde exploré mi personalidad y mi identidad. Allí solo quería que mi individualidad pasara desapercibida.

A mí me fue bien. Recuerdo un compañero que recibió tantos ataques que tuvo que salir del colegio, humillado y maltratado. Volvió de visita una vez; se había dedicado a hacer ejercicio compulsivamente. Su rostro suave e infantil contrastaba con sus músculos hipertrofiados. Igual, la gente no podía respetarlo ya; en su momento no había pasado las pruebas de la violencia masculina. Otro compañero, inteligente, pero feo, pobre y torpe, fue el blanco de burla de todos hasta el final. Supe después que se había vuelto abogado, graduado de una universidad prestigiosa, y se había convertido en un militante fanático de la extrema derecha. Recuerdo una chica que nunca fue victima de burlas, pues era simpática y guapa. Cuando nos encostramos casi diez años después, era un muchacho transgénero. Me dijo que siempre supo qué quería de sí mismo pero, como yo, simplemente había anulado su personalidad para pasar desapercibido y sobrevivir.

A veces sueño con que estoy en el colegio. Nunca están mis compañeros. Solo estudiantes imaginarios sin cara. Tampoco pasa nada. Pero hay una angustiosa sensación de haber hecho algo inadecuado y estar siendo juzgado, no por los estudiantes o los profesores, sino simplemente juzgado en abstracto. Creo, hoy, que esas experiencias estaban ligadas a esa educación de género transmitida a través de ese control social constante sobre el que nadie reflexionaba en las innumerables charlas sobre valores.

Mi colegio al principio era por concesión, o charter, pero algo pasó y terminó perdiendo el apoyo estatal. Así que se volvió  un ejemplo típico de los verdaderos colegios privados del país.  Tenía tantos problemas administrativos, tanta corrupción en el manejo de los recursos, tanta ineptitud en la enseñanza, que era difícil creer que de ahí se iba a aprender algo de verdad. No era, pues, uno los míticos colegios de los ricos o de las películas (esos entornos monolíticos y coherentemente opresivos). Eso tuvo algo positivo: nadie creía realmente que la vida escolar era la vida.

Esta experiencia escolar es hoy en día la más común: un par de profesores comprometidos y brillantes rodeados de gente mediocre y sin habilidades académicas mínimas. Estudiantes y profesores mediocres, comprometidos, vagos, especiales, rebeldes o sumisos, luchan contra un sistema burocratizado y en ruinas. Los profesores, muchos de ellos sin conocimientos ni recursos, son además vilipendiados y humillados por todo el mundo. Les piden hacer un trabajo imposible de realizar, como si fueran superhéroes, y a la vez los tratan como algo menos que bufones.

Sin embargo, el problema va más allá de las condiciones precarias de los profesores. Aún si tuvieran mejores condiciones, la forma en que funcionan los colegios ya no parece ser una forma efectiva para transmitir conocimiento o para transmormar el carácter. Los niños, las niñas, y los maestros mismos ya no parecen ver en el colegio la fuente principal de saberes ni modelos de comportamiento. La industria de la cultura ha tomado esos espacios desde hace mucho.  Lo mismo ocurre con los padres. La comunicación con su hijos es cada vez más difícil, pues parecen no entender los referentes que siguen sus hijos para vivir, y no pueden hacer que los jovenes reproduzcan su forma de de enfrentar el mundo. Sienten que la infancia y la juventud se sale de las manos.

Por eso, con esta marcha contra la diversidad sexual ocurre que, por primera vez en años, padres y profesores se ven a sí mismos como aliados. Mas no porque se hayan puesto de acuerdo en el rol que cada uno debería tener en la educación, ni en las condiciones en que esta debe ocurriro  en cómo se debe enseñar; se ven como aliados en la voluntad de controlar los cuerpos de los niños para que no se entreguen, aún más, a formas sociales incomprensibles para ellos.

Tomada de: Ciudadania-express.com
La defensa de “la familia” en singular y “los valores” como conjunto unificado,  sí implican homofobia y anulación de la diferencia. El camino de la diversidad puede ser mejor para la sociedad y, por supuesto, para las actuales víctimas, pero para los "normales" se trata de un camino más difícil.

 Creo, entonces, que quienes luchan por la aceptación de la diversidad deben entender que los homofóbicos sí tienen algo que perder. La discriminación, la burla y la humillación son herramientas efectivas para anular, aunque sea temporalmente, la personalidad desviada de la norma. El costo de usar estas herramientas es altísimo en términos de sufrimiento y perpetuación de la violencia. Pero es un costo que muchos están dispuestos a pagar, sobre todo porque ofrece algo que casi nada en el colegio puede ofrecer: efectividad en la anulación de la difernecia, armonía entre la mayoría de padres, estudiantes, administrativos y profesores, y la sensación de que el caos de la vida es encausado en un orden fácil de entender. Es decir, se les ofrece a todos al ilusión de que la complejidad de la de las relaciones sociales, de la ética y de los sujetos ha sido resuelta y que solo hay que resistirse a las aberraciones. Eso es lo que significa la tautología de “los hombres son hombres, las mujeres son mujeres y los niños son niños, y a estos no hay que confundirlos”. Es eso lo que está detrás de ese sistema de enseñanza que me llevó a odiar a un peluquero travesti antes de querer entender quién era.

17 comentarios:

  1. Brillante! Una reflexión necesaria para estos tiempos.

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    1. Muchas gracias, Jorge. Me alegra que te haya gustado.

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  2. Me parece que apuntas muy bien una de las causas de que la violencia esté tan arraigada en el corazón de las personas en Colombia. Violencia no es solo tomar un fusil y matar gente.

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    1. Exacto. De hecho los que no estamos con el fusil al hombro debemos pensar en cómo vivimos la violencia de Colombia.

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  3. es una buena reflexión, pero mas allá de eso, hace falta andar un camino mucho mas amplio. porque la cuestión esta centralizada en si se enseña o no en los colegios a aceptar y reconocer el homosexualismo, pero mas allá de ello esta el respeto a la diferencia y eso implica un rango mucho mas amplio. muchas personas transgénero son también excluyentes y aunque estan en la lucha por un reconocimiento de sus derechos, agreden o generalizan y excluyen también a los que piensan diferente a ellos. muchas personas discriminan o excluyen a los que son diferentes y no solamente en cuestiones de genero, sino en ideas, en aspecto, en comportamientos, gustos o formas de vida y esto va mucho mas allá de solamente una inclinación sexual. considero que un verdadero cambio implicaría una cuestión de tolerancia y respeto mucho mas amplia

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    1. Muy interesante comentario, aaa. En efecto la discriminación abarca muchas cosas. Supongo que en la sociedad pasa que los debates se fragmentan. Ojalá esos otras discriminaciones se combatan, pero eso no hace que el verdadero problema sea otro. La identidad y orientación sexual, y los roles de género, son aspectos medulares de la vida social. Me gustaría que explicaras una frase que me parece importante. Dices que "muchas personas transgénero son también excluyentes y aunque estan en la lucha por un reconocimiento de sus derechos, agreden o generalizan y excluyen también a los que piensan diferente a ellos". Esta frase es interesante porque la he escuchado nombrar mucho en los debates, pero nunca encuentro que haya una explicación o ejemplo relevante para la discusión. Se habla, por ejemplo, de cierta actitud de guetto en la comunidad lgbti, o de actitudes de superioridad moral en conversaciones casuales en entornos liberales. Yo, al menos, he visto esas actitudes, pero suelen ser minimas comapradas a la discriminación que sufren constantemente. En ese caso, la frase implicaría una falsa equivalencia que tendería a minimizar el problema (algo como así como "pues como ellos también discriminan estamos a mano"). Otro uso de frases similares a la que dices, y que se ha usado mucho en este debate, va como sigue: los lgbti irrespetan porque dicen que somos hoofóbicos y porque nos quieren imponer su modelo. Si ese es el sentido de la frase, diriamos lo siguiente: "homofobia" no es necesariamente un insulto, sino la descripción de un tipo de actitud. Así como uno no puede decir "es que los negros son vagos" y luego negar que se es racista, o "las mujeres son menos inteligentes" y negar que es machista, sentir rechazo a los homosexuales implica ser homofóbico (casi etimológicamente). El debate fundamental está qué se considera rechazo a los homosexuales. Lo que defienden muchos de los que fueron a la marcha es que, puesto que tienen amigos gays, listo. Pero prohibir que se enseñe la existencia de la diversidad de género (que es lo que que hacen muchos manuales de convivencia) solo se sostiene si uno cree que la homosexualidad es una anomalía negativa, una aberración o un vicio. Eso es rechazar la homosexualidad. Ahora, la cuastión de que los lgbti no respetan la idea de familia es justamente el centro de mi texto: si su sola existencia irrespeta esa idea, es poruqe es una idea homofóbica. De modo que, ¿podrías aclarar un poco el sentido de esta frase, o dar un ejemplo de lo que entiendes por irrespeto de los lgbti?

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    3. aclarando, por un lado en ningún momento el comentario pretendía simplificarse en un "pues como ellos también discriminan estamos a mano", por el contrario mostrar con que el verdadero trasfondo y una verdadera transformación social seria primero enseñar el respeto hacia la diferencia, pero en muchos sentidos, porque las personas están condicionadas a rechazar a el que es diferente en muchos aspectos. lo que no encaja en mi visión de mundo lo discrimino y excluyo.
      por otro lado la segunda parte de tu comentario realmente no tenia relación con lo que mencione, pero en mi opinión la palabra homofobia es bastante fuerte y no debería utilizarse tan indiscriminadamente. verdad, describe un tipo de actitud,pero en relación a una "fobia" a los homosexuales, es decir un miedo, rechazo bastante fuerte y total aversión. El hecho de que una persona no quiera apropiar para su vida como tal el homosexualismo o volverlo regla en su mundo y que se asuma de un modo diferente no significa que este denigrando o maltratando personas LGBTI, como si mencionaste en los ejemplos de "los negros son vagos" o "las mujeres son menos inteligentes" que si son estigmatizaciones denigrantes e insultos. el hecho de tener una postura diferente no implica irrespeto y considero peligroso radicalizarse también hacia el otro extremo porque también implica un juicio y una exclusión. como mencione lo mas importante seria enseñar el verdadero respeto a la diferencia y a las individualidades.

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    4. igualmente me olvide la parte de familia que mencionaste. aunque yo tampoco lo había escrito en ningún momento, hay una contradicción en lo que dices con respecto a la idea de familia, si mencionas que los LGBTI contradicen idea de familia, porque están en la búsqueda de formar familia, matrimonio, hijos, etc..?

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    5. Gracias por la aclaración. Estamos de acuerdo en que el respeto a la diferencia en todos sus aspectos es el transfondo del debate.
      Hay algo interesante en tu comentario. Dices: "el hecho de que una persona no quiera apropiar para su vida como tal el homosexualismo o volverlo regla en su mundo y que se asuma de un modo diferente no significa que este denigrando o maltratando personas LGBTI". ¿Qué es lo que ese alguie quiere apropiar para su vida? ¿Ser homosexual? Nadie está pidiendo que lo sea. La otra opción es que sienta como una imposición que tenga que apropiar para su vida el hecho que los LGBTI son normales (solo minoritarios) y no una aberración, y que por lo tanto su heterosexualidad es solo una posibilidad de vida, no la posibilidad mejor ni la no-aberrada. Si esto es una imposición es porque está coniderando que los LGBTI son apenas tolerables (allá lejos): eso implica un rechazo. El hecho de que no sea explícito o físicamente violento no hace que no sea rechazo. Por eso homofobia es la palabra adecuada. El debate no es sobre "apropiarse del homosexualismo" sino sobre
      "apropiarse" del hecho de que la homosexualidad no es una aberración sino una posibilidad digna para habitar el mundo. Por eso se dice homosexualIDAD ("idad" como forma de ser), no homosexualISMO ("ismo" como corriente ideológica, científica, artística o filosófica). Si bien se defiende la libertad de género, elegir el género es más complejo y profundo que elegir un "ismo", porque se trata de la definición de cómo vivir el cuerpo, no una opinión. Aceptar como legítima y digna la diversidad sexual, entonces, solo puede ser una imposición para el heterosexual si hay un rechazo.
      Cuando dices que una persona no quiere "volverlo [la homsexualidad] regla de su mundo" te refieres a algo fundamental para la discusión sobre los niños y la educación. Vivir en sociadad implica que "el mundo" de cada uno interactua con "el mundo" de los demás. Esto siempre lleva a una limitación para "el mundo" propio. Por eso hay cinflictos, acuardos y reglas. Si en un colegio se enseña que solo hay hombres y mujeres heterosexuales "que se comportan como tal" y que cualquier acto o sentimiento en otra dirección es una aberración, es una agreción contra el mundo del niño o joven que quiera construir su mundo de otra manera. Pero enseñarle a un niño que el género tiene más alternativas válidas solo agredería a alguien cuya identidad dependa de negar que existan esas alternativas. La pregunta sería entonces, ¿por qué en las reglas del mundo de alguien se ven amenzadas por reconocer que es perfectamente legítimo que otros humanos vivan su vida afectiva y su identidad de otra manera? Ese es el centro de mi reflexión en el post: ¿por qué a un heterosexual le desestabiliza tanto, en su mundo, el encuentro con la diversidad de los demás?
      Sobre la familia, la respuesta es sencilla: no hay una contradicción. La idea de la familia tradicional que defienden quienes lideraron las marchas es solo una: padre y madre heterosexuales, hijos preferiblemente biológicos. Punto. Incluso los hijos por fuera del matrimonio son "ilegítimos". Los LGBTI quieren que, como consecuencia del reconcocimiento de que su forma de vida es legítima, se asuma que "matrimonio" y "familia" abarcan más que esa única opción. Entonces no hay "La Familia", sino "Las Familias". Quienes se oponen dicen que al aceptar esto se va a acabar La Familia. La pregunta es: ¿por qué el solo hecho de que otros vivan su familia de otra manera amenaza mi familia? ¿Por qué "las reglas de mi mundo" solo puedne existir si no se permiten otras reglas, y veo como una imposición la aceptación de la diversidades? La educación en diversidad a los niños y la ampliación del concepto matrimonio/familia son parte del mismo debate.

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    6. obre la radicalización. Tienes razón en que muchos defensores de la diversidad atacaron sin escuchar a los padres de familia y no escuchaban sus razones. Eso está mal. Es verdad que algunas personas rechazan a un heterosexual casado y con hijos (por ejemplo). Estoy en contra de eso y me molesta cuando me pasa. Pero esos son la minoría dentro de los LGBTI. En todo caso su rechazo suele ser mucho menor al que ellos han tenido que vivir, pues nunca abogan porque se prohíba la heterosexualidad. No justifico esa actitud de guetto cuando ocurre, pero hay que notar que es mínima comparada a la actitud de quienes quieren que se permita que en los colegos se prohíba la homosexualidad. La cosa es que, como es un tema conflictivo, pues los argumentos son conflictivos.
      Mi post, como lo explico, parte de un ejercicio de empatía con quienes rechazan la educación diversa. Decidí recordar cuando yo mismo tenía esas posturas justamente para llegar al fondo del debate. Por eso empiezo examinando mi propia homofobia. Con estas cosas, como tienen que ver con temas a la vez sociales e íntimos, pasa que muchas veces creemos que, porque nuestra actitud no es la mas abiertemente agresiva, ya estamos bien. Pero resulta que muchas veces tenemos incorporados los prejuecios.

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  4. igualmente lo defines como si el hecho de ser hombre o mujer o comportarse como tal fuera el problema ,en la frase que resume la polémica de “los hombres son hombres, las mujeres son mujeres y los niños son niños, y a estos no hay que confundirlos”.
    existe inequidad en cuestiones de genero y en esto la mujer lleva una lucha larga donde aun se le adjudican roles excluyentes. la cuestión es la mirada que se le da, el trato inequitativo, lo excluyente, la objetivación del cuerpo y los roles caducos, mas no el hecho de ser mujer o actuar como tal.porque también existe el sagrado masculino y el sagrado femenino que son dos fuerzas universales internas y externas que tienen cada una sus características propias. entonces me pregunto con respecto a la polémica que se espera mostrar a los niños desde pequeños, una identidad de genero neutra para que después la definan? con respecto a que?

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    2. Quisiera resaltar lo que dices cuando te refieres a "ser mujer y actuar como tal", porque en eso reside el centro del debate contemporaneo de género. Esa frase que es una reescritura de la tautología que critico, tiene muchas implicaciones. Primero, en su setido literal, no se sostiene. Rápidamente, porque un comentario es poco para explicar, diríamos que ningún ser vivo puede ser lo que es y actuar de otra manera, porque sus actos forman parte de lo que es. Así, si decimos que muchas mujeres no actuan "como tales" tal vez deberíamos revisar nuestra definición de mujer. Diríamos entonces que los actos de un hombre o una mujer pueden estar mal, pero entonces "como tal" no se refiere al ser sino a la norma. Entonces pedir que una mujer actúe "como tal" sí tiene que ver con los debates el feminismo. Del mismo modo, el problema SÍ es que se le haga matoneo un niño o niña para que cumplan con la norma social de lo que se supone es un hombre o una mujer. En el colegio esto suele ser muy fuerte. Una persona diversa suele ser un caso extremo de ese no actuar "como tal". Ahora lo que dices de "el sagrado masculino y femenino", ¿podrías explcarlo mejor? Parece una reelaboración de Ying/Yang o algo así, pero no sé a qué te refieres. ¿Crees que una persoan intersexual cabe en tu definición de lo sagrado masculino y femenino? ¿Es un buen ejemplo sobre eso sabrado el caso Brigitte Babpiste, directora del instituto Humbolt? Por otro lado, la pregunta de qué mostrar a los niños desde pequeños es compleja y hace parte de la labor docente. Pero, ¿crees tú que es eso lo que defienen los que luchan por la diversidad? ¿Crees que si no se trata de la norma tradicional impuesta a como de lugar, solo nos queda un "genero neutro"y caos? Por último, la ultima pregunta que haces es buenísima: ¿con respecto a qué definimos el genero, si no es a partir del modelo tradicional? Mucha gente ha trabajado para dar muy buenas respuestas.

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  5. aquí hay varios puntos y creo que se malinterpretado el "ser mujer y actuar como tal" porque no lo estoy planteando desde un punto de vista moralista. primero con respecto a la contradicción que mencionas de que ningún ser vivo puede ser lo que es y actuar de otra manera, precisamente hablando del tema en cuestión es un claro ejemplo de que si es así, una persona que nace biológicamente con un sexo determinado, es decir su cuerpo, puede ser de mujer, fisicamente como mujer, pero ser homosexual y buscar parecer mas un hombre y atraer otras mujeres.
    la referencia de ser mujer o ser hombre y actuar como tal no es de ningún modo moralista ni de norma o haciendo referencia q que tipo de rol debería ejercer o como debería actuar socialmente, es claro que hay muchas inequidades y que la mujer no debería señirse a un papel social impuesto por normas morales que la aniquilan,le imponen miedo, culpa y un sentido de inferioridad o incapacidad. pero quería hacer referencia al sagrado masculino y femenino y es claro que cada uno tiene sus características propias,fuera de reglas moralistas y papeles sociales. las personas homosexuales están también en esa búsqueda de ajustarse a uno o al otro, son como dos polos que siempre estarán presentes. nose a que te refieres con mencionar el caso de los intersexuales, pero en el caso de Brigitte Babpiste, ella misma se define como "ella" desde su nombre y su forma de vestir esta en una búsqueda femenina. no creo que se pueda salir de estos dos polos a menos que se pueda ser asexual y neutro, pero creo que esto es imposible. y si creo que el genero se define a partir de estas dos entidades que los homosexuales también definen,así su cuerpo se contradiga y en su interior sean otra cosa, o sus inclinaciones sexuales sean diferentes,siempre esta presente un masculino o un femenino. y es verdad el tema con los niños es complejo y no se puede tampoco tomar tan a la ligera

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  6. Sobre el punto de "ser mujer y actuar como tal". Dices que no lo llevas necesariamente al plano moral (es decir, a un discurso que regula las acciones de los humanos frente a sí mismos y los otros). Sin embargo, luego dices que hay un "sagrado masculino"y femenino, que explicas como una suerte de catacteristicas propias de ciertos sexos. Estas supuestas caracteristicas propias son el centro del debate, cuando se observa lo que ha estudiado la biología, son muy limitadas, y plantean más preguntas que respuestas. Por tu comentario, y por el uso de la plabra "sagrado" parece que estas refiriendote a características que van más allá de lo biológico, o que asocian lo biológico con lo que va más allá biológcico. Esto nos lleva al punto de los intersexales y de las difernecias entre sexo y género.
    Incluso en el plano puramente biológico hay variantes que se escapan a esa polarización hombre/mujer. El ejemplo más claro es el de los intersexuales, que tienen razgos biológicos (incluso genitales) que corresponden a lo que normalmente se asume a lo masculino y lo femenino. Antes, los intersexales eran operados a la fuerza o rechazados como fenómenos de feria. Hoy en día se considera que la intersexualidad es una variación biológica, pero no una deformidad. Luego están las confuguraciones de los cromosomas. XX y XY son los más comunes, pero también hay XXX y XXY. Estos no corresponden a la definición simple de hombre/mujer. También está la producción de estrógeno y testosterona que, de nuevo, normalemnte varían de acuerdo a los genitales, pero no siempre es así (hay personas con genitales femeninos y mucha testosterona y vice versa). Así, en el plano puramente biológico sí hay unas tendencias mayoritarias, pero no son esenciales ni unívocas. Es decir, la definición hombre/mujer aunque útil en el habla cotidiana, no es suficiente cuando se miran las sutilezas (eso pasa mucho con la ciencia). Pero este es solo el inicio. Digamos que alguien nace con genitles masculinos, cromosomas XY y alta producción de testosterona. Eso tiene unas consecuencias en la manera como funciona el cuerpo y el cerebro, y genera una predisposición a ciertas cosas. Sin embargo, esa persona puede escoger no intensificar algunas de esas disposiciones corporales y en cambio reforzar otras. Por eso se dice que la identidad de género no corresponde al sexo. Esto nos lleva a Brigitte: ella reivindica el derecho a construir formas de identidad de género que no se ajustan del todo ni a un hombre ni a una mujer. Ella quiere que se utilice el artículo femenino cuando se la nombra, pero no que se asuma que es una mujer en el sentido tradicional. Por eso no buscó cambiar la voz ni operarse, ni separarse de su esposa. Su desición solo tiene sentido se pensamos que las categorías hombre/mujer son insuficientes y que es más apropiado pensar que hay sexos biológicos y, en relación con ellos, pero no univocamente determinados por ellos, diversas identidades de género. Eso es lo que enseñan las tales cartillas. Como vez, no se trara de géneros neutros ni de un caos incomprensible. Solo es caos cuando nos quedamos en definiciones que son insuficientes. Esas definiciones, al excluir las diferneicas minoritarias se las discirmina. No se trata de que haya dos polos (o sino neutro o a sexual) nino muchas combinaciones. Por último sí hay asexuales (sin deseo ni interés en tener relaciones sexuales). Lo que no hay es personas sin género; lo que se propone es que haya más opciones además de las dos que hay.

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    1. Se me olvidó una cosa. Cierras tu comentario diciendo "el tema de los niños es complejo y no se puede tomar a la ligera". Estamos de acuerdo. Solo quieo aclarar que los que defienden una educación abierta a la diversidad de género han estudiado mucho el tema de la educaación de los niños, en toda su complejidad. Aunque no he visto estudios igualmente juiciosos por parte de quienes están en desacuardo con una enseñanza que contemple la diversidad, creo que ellos tampoco se lo están tomando a la ligera. Es decir, el debate no es que haya alguien que no le importen los niños. Sabemos, sí, que la felicidad de los adolescentes lgbti no es una prioridad para quienes se oponen a una educación abierta a la diversidad.

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